“Si piensas que la formación es cara, prueba
con la ignorancia”. La frase atribuida a Benjamin Franklin, es una de las
que más me marcó al terminar la carrera de Derecho (no estoy seguro si
considerar la carrera como formación) Desde entonces, siempre
que tengo ocasión y veo una buena oportunidad, opto por formarme.
Una
de las mejores aptitudes que he adquirido para mi profesión fue gracias a un
curso sobre lenguaje no verbal. Aunque en un principio suene como
algo desvinculado de la abogacía, el conocer
en profundidad los secretos del lenguaje del cuerpo me ha reportado grandes beneficios, ya que, por ejemplo, en algunos juicios la clave está en la fase del interrogatorio de
partes o testigos, y, observar la expresión corporal nos lleva a detectar
cuestiones tan fundamentales como si los interrogados están o no mintiendo.
Descubrí
que el lenguaje no verbal es mucho más importante de lo que podía llegar a
imaginar, sobretodo en las relaciones y comunicaciones, pues alguien que sepa interpretar
el lenguaje del cuerpo partirá con una clara ventaja respecto a los demás, ya
sea en una entrevista de trabajo, una negociación, un juicio o algo tan ambicioso como cortejar a la persona que nos gusta.
No debemos olvidar un famoso estudio del psicólogo estadounidense
Albert Mehrabian que analizó el impacto de un mensaje en las personas,
resultando el 7% verbal, 38% vocal (tono, matices y otras características) y un
55% señales y gestos (no verbal).
Y dado que no hay duda de la importancia del lenguaje no verbal, a continuación veremos en qué medida puede influir un gesto o una determinada postura en el
estado emocional de las personas.
Resulta obvio que nuestro estado anímico configura nuestra postura
corporal, los gestos no verbales muestran lo que sentimos. Con un simple
vistazo, y sin que la persona diga una sola palabra podemos asegurar si esa
persona está feliz o triste, animada o desanimada. Llama la atención
determinados gestos como el de alzar los brazos cuando un atleta llega a la
meta en primer lugar. Se ha comprobado que ese gesto se hace de modo instintivo, pues los deportistas invidentes lo realizan sin que nadie les haya indicado que deban hacerlo. En base a ello, ¿si
la mente puede inducir cambios en el cuerpo, es posible que también el cuerpo
produzca cambios en la mente?
En este sentido la socióloga de la Universidad de Harvard Ammy Casselberry Cuddy,
realizó una investigación en la que pretendía conocer cómo influía el lenguaje
no verbal en el estado emocional de la gente. Hasta qué punto modificar nuestra
postura corporal podía modificar nuestro estado anímico.
Para su investigación pidió a un grupo de personas una muestra de su saliva y que durante los
siguientes dos minutos adoptaran una posición de poder o entusiasmo, y a otro
grupo que en ese mismo tiempo adquirieran una postura de debilidad o desánimo,
tales como las que se ven en las fotografías.
| Posición de debilidad |
| Posición de poder |
Transcurridos
los dos minutos volvieron a pedirles una muestra de saliva para analizar el
cambio hormonal que se había producido en uno y otro grupo tras ese período. Básicamente el estudio se centró en los niveles de testosterona
(la hormona del poder o liderazgo) y de cortisol (la hormona del estrés). Cuanto
más alto es nuestro nivel de testosterona, más eufóricos o positivos nos
mostramos, mientras que con el cortisol ocurre lo contrario, su aumento provoca
un estado de desánimo y negatividad.
Pues
bien, los resultados de los análisis evidenciaron que en las personas del grupo
que durante dos minutos había adoptado una posición de poder, el nivel de
testosterona había aumentado un 20%, por el contrario el nivel de cortisol
descendió un 25%. Y las personas que adoptaron una posición de
debilidad vieron como disminuyó su nivel de testosterona un 10% y su nivel de
cortisol se incrementó en un 15%.
La
investigación no deja lugar a dudas, efectivamente, modificando nuestra postura
corporal podemos cambiar nuestro estado de ánimo. Hay que tener en cuenta que
el cambio de postura se experimentó durante tan solo dos minutos, de modo que adoptar
constantemente posiciones de poder nos elevará de forma inconsciente a
sensaciones poderosas. Si aplicamos esto a situaciones socialmente exigentes
podemos obtener resultados asombrosos.
Este
descubrimiento, sin embargo, no supone
ninguna novedad en el mundo del deporte, en la alta competición, ya que son ya muchos los años en los que los grandes deportistas
se sirven de una serie de apalancamientos para procurarse el estado adecuado
con el que afrontar un reto y obtener su mejor resultado. Como ya dedicaremos
más tiempo a los apalancamientos, sirva de ejemplo los gestos de Cristiano
Ronaldo antes de lanzar una falta o el famoso puño de Rafa Nadal cuando necesita su mejor tenis.
Las
mejores posturas para elevarnos el ánimo o la autoestima son las de poder,
consistentes en ocupar el mayor espacio posible con nuestro cuerpo, lo
contrario, el encogernos, nos limita inconscientemente y tenderíamos a escondernos o huir. Mi recomendación es que, si puedes, pruebes con los cambios a posiciones de poder viéndote en un espejo. Te parecerá una tontería pero prueba a hacerlo y ya me cuentas cuánto de cambio ha habido y cuánto de tontería.
Resumiendo un poco, mi conclusión es
que el cuerpo puede afectar a la mente, que la mente puede afectar al
comportamiento y que el comportamiento puede alterar los resultados.
"Si quieres obtener resultados distintos prueba con hacer cosas distintas"

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