viernes, 17 de enero de 2014

MI FIESTA DE CUMPLEAÑOS

     Como aún no he conseguido digerir el cúmulo de emociones por la fiesta sorpresa que me organizaron el pasado sábado para celebrar mi 30 cumpleaños, me vais a perdonar que peque de egocéntrico, pues no me queda otra que utilizar este blog para dar las gracias a todos los que colaboraron y me hicieron pasar un día inolvidable. 


En especial he de agradecer a mi hermano y Elo la excelente organización del evento. En ningún momento sospeché lo que me estaban montando, eso es de destacar, y más teniendo en cuenta las numerosas meteduras de patas en lo que a dar sorpresas se refiere.

Es una sensación muy agradable la de tener reunidos en un salón de apenas 60 metros cuadrados a toda una amplia gama de amigos de distintas pandillas y venidos de diferentes lugares. Un bonito “baño de masas” que nunca imaginé que me podría sentar tan bien. El ver que tantas personas a las que estimas se juntan para acompañarte en tu día, te hace sentir realmente importante. Y ya lo dijo el Profesor William James El principio más profundo en el carácter humano es el anhelo de ser apreciado”.

Los regalos recibidos, aunque no era necesario el detalle de regalar, no pudieron ser más acertados, por lo que se agradecen, y mucho. El único problema fue que uno de los regalos consistió en unos versos de mi amigo y hermano Antonio José Ortega. No es porque no me gustaran, ya que realmente me fascinaron, al igual que a los allí presentes. El verdadero inconveniente es que por más que leo qué y cómo escribe “el Bohe”, más complicado me resulta a mí ponerme a escribir. De modo que, con el permiso del artista, traslado a este post su regalo. Y con ello quizás vuelva a reincidir en mi narcisismo, pero treinta años no se cumplen todos los días. 

Aquello decía así:

“Resulta que son treinta eneros
los que cumple mi amigo
y al abrigo, de su corazón entero
nos reunimos casi a golpe de guiño
en este saloncito de bagaje manantero.

Para hablar de Juanki, permitidme
me quite el sombrero,
pues tratamos con un hombre insigne
recio y firme, en el culinario arte salsero.
Pregonero del buen talante,
defensor de las formas elegantes.
Torero incluso de nublados temporales,
al lado siempre de Lalillo y de su madre.
De noble temperamento,
es más fiel que una monja de convento.

Por todo esto que digo, ahora quiero
pintar con tino algunos desordenados recuerdos
que nos mantenga vivos, cuando ya solo seamos viejos.

Y así, se me viene el amarillo, de un viejo dos caballos
abarrotado de niños, que celebran un campeonato ganado.
Se me viene un Ford Mondeo, yéndose de marchón.
Se me viene un escudo del Depor, del lado del corazón.
De lejos escucho jaleo, y gente tirándose al montón.
Es la clase del A, haciendo una presión.
De verdad parece que duró un segundo,
el Bachillerato de humanidades, en el instituto,
riéndonos de todos, sentándonos los últimos.
Aquellos tiempos, en los que nos comíamos el mundo.
En mi equipo, Juanki es un penalti ajustado, un penalti bien tirado,
en una final de liga de verano.
Es un gol en bandeja tras carrera por la banda.
Es el dorsal diecinueve, clavado a su espalda.
Es el tarareo de los restos del naufragio.
Es un concierto de Búnbury, con una cordobesa de la mano.
Juanki es la habitación del fondo del pasaje de Recogidas
entre risas por lo bajini, por Manuel y sus manías.
Se sienta en el piso, a ver el fútbol cada domingo.
Junto a uno que lleva, gafas sin patilla y la camiseta de Ronaldinho.
Cursa Derecho con el genuino Brad Pitt en Troya,
antes de cambiar Granada por Córdoba.
En la habitación doble de Martínez Campos
tiene un compañero con el que no coincide en horarios.
Por la noche duerme Juan, por el día, Emilio del Santo Rosario.
A media tarde, y antes de irse a clase, se apoya en un brazo del sofá,
pa´ tomarse un cafelito, pues el magnesio todavía, tardará en llegar.
Poco después, ya lo he dicho, cambió la Alhambra por el Coso de los Califas.
Alegó temas profesionales, pero todos sabemos que fue por una niña,
de aspecto tierno, ojos geniales y maneras correctísimas.
Y es que está claro. Juanki no recorrerá jamás ningún camino solo,
pues tendrá por siempre en Elo, su más sincero apoyo.
En los últimos tiempos, pisa fuerte para abrirse paso
pues no le hace falta, padrinos que le allanen el camino.
Le basta con su formación y su gesto honrado.
Y como armas, su cabeza, su despacho, y su título de abogado.
Una vez me enseñó una cita, que ya nunca se me olvida:
Los que piensan que es imposible,
no deberían molestar a los que lo estamos intentando.

Por esa frase que te resume, por todo lo que aquí te dije,
por La Lanza, que se queda en el tintero,
aguardando otros treinta eneros
Y, sobre todo, por tu manejo de la muleta
ante las ciegas embestidas
de ese toro bravío que es la vida,
déjame que, a corazón abierto te diga
que aquí tienes un hermano de sangre
que te quiere, que te admira."




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