Como
aún no he conseguido digerir el cúmulo de emociones por la fiesta sorpresa que
me organizaron el pasado sábado para celebrar mi 30 cumpleaños, me vais a
perdonar que peque de egocéntrico, pues no me queda otra que utilizar este blog
para dar las gracias a todos los que colaboraron y me hicieron pasar un día
inolvidable.
En especial he de agradecer a mi hermano y Elo la excelente
organización del evento. En ningún momento sospeché lo que me estaban montando, eso es de destacar, y más teniendo en cuenta las numerosas meteduras de
patas en lo que a dar sorpresas se refiere.
Es
una sensación muy agradable la de tener reunidos en un salón de apenas 60
metros cuadrados a toda una amplia gama de amigos de distintas pandillas y venidos
de diferentes lugares. Un bonito “baño de masas” que nunca imaginé que me
podría sentar tan bien. El ver que tantas personas a las que estimas se
juntan para acompañarte en tu día, te hace sentir realmente importante. Y ya lo
dijo el Profesor William James “El
principio más profundo en el carácter humano es el anhelo de ser apreciado”.
Los
regalos recibidos, aunque no era necesario el detalle de regalar, no pudieron
ser más acertados, por lo que se agradecen, y mucho. El único problema fue que uno de los regalos consistió en unos versos de mi amigo y hermano
Antonio José Ortega. No es porque no me gustaran, ya que realmente me
fascinaron, al igual que a los allí presentes. El verdadero inconveniente es
que por más que leo qué y cómo escribe “el Bohe”, más complicado me resulta a mí ponerme a escribir. De modo que, con el permiso del artista, traslado a este post su
regalo. Y con ello quizás vuelva a reincidir en mi narcisismo, pero treinta
años no se cumplen todos los días.
Aquello decía así:
“Resulta
que son treinta eneros
los
que cumple mi amigo
y
al abrigo, de su corazón entero
nos
reunimos casi a golpe de guiño
en
este saloncito de bagaje manantero.
Para
hablar de Juanki, permitidme
me
quite el sombrero,
pues
tratamos con un hombre insigne
recio
y firme, en el culinario arte salsero.
Pregonero
del buen talante,
defensor
de las formas elegantes.
Torero
incluso de nublados temporales,
al
lado siempre de Lalillo y de su madre.
De
noble temperamento,
es
más fiel que una monja de convento.
Por
todo esto que digo, ahora quiero
pintar
con tino algunos desordenados recuerdos
que
nos mantenga vivos, cuando ya solo seamos viejos.
Y
así, se me viene el amarillo, de un viejo dos caballos
abarrotado
de niños, que celebran un campeonato ganado.
Se
me viene un Ford Mondeo, yéndose de marchón.
Se
me viene un escudo del Depor, del lado del corazón.
De
lejos escucho jaleo, y gente tirándose al montón.
Es
la clase del A, haciendo una presión.
De
verdad parece que duró un segundo,
el
Bachillerato de humanidades, en el instituto,
riéndonos
de todos, sentándonos los últimos.
Aquellos
tiempos, en los que nos comíamos el mundo.
En
mi equipo, Juanki es un penalti ajustado, un penalti bien tirado,
en
una final de liga de verano.
Es
un gol en bandeja tras carrera por la banda.
Es
el dorsal diecinueve, clavado a su espalda.
Es
el tarareo de los restos del naufragio.
Es
un concierto de Búnbury, con una cordobesa de la mano.
Juanki
es la habitación del fondo del pasaje de Recogidas
entre
risas por lo bajini, por Manuel y sus manías.
Se
sienta en el piso, a ver el fútbol cada domingo.
Junto
a uno que lleva, gafas sin patilla y la camiseta de Ronaldinho.
Cursa
Derecho con el genuino Brad Pitt en Troya,
En
la habitación doble de Martínez Campos
tiene
un compañero con el que no coincide en horarios.
Por
la noche duerme Juan, por el día, Emilio del Santo Rosario.
A
media tarde, y antes de irse a clase, se apoya en un brazo del sofá,
pa´
tomarse un cafelito, pues el magnesio todavía, tardará en llegar.
Poco
después, ya lo he dicho, cambió la Alhambra por el Coso de los Califas.
Alegó
temas profesionales, pero todos sabemos que fue por una niña,
de
aspecto tierno, ojos geniales y maneras correctísimas.
Y
es que está claro. Juanki no recorrerá jamás ningún camino solo,
pues
tendrá por siempre en Elo, su más sincero apoyo.
En
los últimos tiempos, pisa fuerte para abrirse paso
pues
no le hace falta, padrinos que le allanen el camino.
Le
basta con su formación y su gesto honrado.
Y
como armas, su cabeza, su despacho, y su título de abogado.
Una
vez me enseñó una cita, que ya nunca se me olvida:
Los
que piensan que es imposible,
no
deberían molestar a los que lo estamos intentando.
Por
esa frase que te resume, por todo lo que aquí te dije,
por
La Lanza, que se queda en el tintero,
aguardando
otros treinta eneros
Y,
sobre todo, por tu manejo de la muleta
ante
las ciegas embestidas
de
ese toro bravío que es la vida,
déjame
que, a corazón abierto te diga
que
aquí tienes un hermano de sangre
que
te quiere, que te admira."
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